Escrito por el equipo de Galmar Óptica y Audiología. Publicado el .
Primero, que te quede bien
Antes de pensar en el estilo, comprueba estos puntos con la montura puesta:
- El puente apoya en la nariz sin dejar marca ni resbalar
- Las varillas no aprietan en las sienes ni detrás de las orejas
- Tus ojos quedan más o menos en el centro de cada aro
- La montura no toca las mejillas al sonreír
El tamaño según tu graduación
Con graduaciones altas, sobre todo de miopía, los cristales son más gruesos en los bordes. Una montura de tamaño moderado y bien centrada reduce ese grosor y el peso de la gafa. Si llevas progresivos, la montura necesita algo de altura para que quepan bien las zonas de lejos, intermedia y cerca.
La forma de la cara
La regla clásica es buscar contraste: monturas con ángulos en caras redondas y monturas redondeadas en caras con rasgos marcados. Sirve como punto de partida, pero no es una ley. Las cejas, el tono de piel, el color del pelo y tu forma de vestir cuentan igual o más.
Material y color
El acetato permite colores y formas más marcadas y aguanta bien el uso diario. El metal y el titanio son más ligeros y discretos, y el titanio es buena opción para pieles sensibles. En color, los tonos carey y transparentes favorecen a casi todo el mundo; el negro da más presencia y los colores claros suavizan las facciones.
Cómo acertar
Pruébate monturas que nunca te habrías puesto: a veces la que menos esperabas es la que mejor te queda. Hazte fotos de frente y de perfil, o ven con alguien de confianza. Y cuando recojas las gafas, pide que te las ajusten: un buen ajuste cambia por completo cómo se sienten durante el día.
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